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¿Es posible recuperarse de una pájara?

¿Es posible recuperarse de una pájara?

Los grandes esfuerzos que supone completar una carrera por montaña tiene un riesgo inherente que va aumentando a medida que pasan los kilómetros: las pájaras. Si tenemos un plan, podremos recuperarnos de una de las peores sensaciones que cualquier deportista puede tener.

 

Las carreras por montaña son agotadoras. Huelga decirlo, pero esta es la razón de que sea una disciplina en la que sufrir una pájara está a la orden del día. El intenso esfuerzo muscular, tanto en subidas como en bajadas, unido al gran gasto energético y la ingente pérdida de líquidos, hace al corredor de montaña un blanco perfecto para el hombre del mazo.

Como en todo, la prevención es el aspecto más importante para no sufrir una buena pájara, pero en este artículo nos pondremos en la situación más negativa, que es cuando a pesar de nuestros esfuerzos, nuestro nivel de energía es mínimo y nos vemos obligados a reconocer que estamos en horas bajas.

Entonces, ¿es posible salir de una pájara? La respuesta depende de cada uno de nosotros, ya que superar un momento tan crítico depende no sólo de factores estrictamente físicos, sino también de nuestra fortaleza mental, de ser capaces de creer que vamos a poder salir de lo más hondo del valle y seguir en marcha.

Lo más importante a la hora de poder revertir la llegada de una pájara es saber identificarla; cuanto antes lo hagamos, menos energía seguiremos gastando en este estado y el ahorro energético en esos momentos es crucial para poder acabar la carrera. Si no somos capaces de identificarla, cuando suframos el bajón final estaremos con el contador de energías al cero.

¿Cómo saber cuándo es una pájara lo que sufrimos y no simple cansancio? Las sensaciones en los primeros estadios de una pájara no son tan diferentes del cansancio común, sino que se van agravando con el paso del tiempo. Es importante estar atento a nuestras sensaciones para saber identificar cuándo unas molestias pueden acabar siendo una pájara.

Algunos de los síntomas son malestar general, mareos, vértigos o visión borrosa, aunque si se agrava, podemos llegar a ver alucinaciones, fruto de la falta de energía que afecta a las funciones cerebrales. Otros síntomas pueden ser en una sensación de “soledad” absoluta, apatía, desgana, pasividad… Si sospechamos que podemos estar empezando a sufrir una pájara, habremos dado el primer paso para salir de ella.

Pero hay algún truco para poder conocer mejor nuestro cuerpo y, de esta manera, identificar qué es un principio de pájara; nuestro experto en entrenamiento, Lluis Capdevila, apunta que “ya sé que es un poco bestia, pero estaría bien entrenar esta situación, provocarnos una “pájara” para saber qué nos pasa y probar de recuperarnos lo antes posible, normalmente antes de “pillarla” del todo: notaremos sus síntomas y en ese momento es más fácil de solucionar”.

Una vez identificada la fuente del problema, lo siguiente es parar el ejercicio, dejar de correr de forma inmediata. Si podemos, lo ideal es caminar hasta el siguiente avituallamiento, siempre que no esté muy lejos. La razón es que allí podremos tener a mano más alimento y bebida, pero también al apoyo de los que allí estén, ya que la parte mental es muy importante si queremos continuar en carrera.

Pero la clave para salir de ese agujero va a ser la alimentación y la hidratación; deberemos comenzar a ingerir alimentos ricos en carbohidratos y azúcares. Bebidas isotónicas o de cola, que contiene cafeína y mucho azúcar son las mejores opciones. Si el clima es frío, también podemos optar, si hay a mano, por bebidas calientes como infusiones con miel o caldos calientes.

Es importante tener en cuenta de que en esos momentos se puede hacer difícil la ingesta de alimentos, por lo que lo ideal es apostar por aquellos que sean fáciles y rápidos de tomar, como geles o barritas, ya que también harán efecto antes, liberando su azúcar en nuestro torrente sanguíneo y de ahí a los músculos.

En estos momentos, no hay que tener ninguna prisa; no debemos empezar a pensar en que estamos perdiendo tiempo o puestos en la clasificación, ya que esto puede minar nuestra moral de cara a poder continuar. El simple hecho de terminar una carrera habiendo sufrido una pájara es un reto enorme.

Una vez alimentados e hidratados, nuestro cuerpo debería comenzar a notar los síntomas de la ingesta de hidratos y azúcares. Para retomar la actividad, lo ideal es intentar esperar a otro corredor para que nos “acompañe” durante los siguientes kilómetros o salir cuando haya llegado alguien al avituallamiento. Así sabremos que alguien viene por detrás si necesitamos ayuda.

De la misma forma, llevaremos con nosotros el alimento necesario para seguir alimentándonos, incluso si no tenemos hambre, ya que si nos hemos recuperado pero volvemos a dejar de comer, la recaída será todavía más dura que la primera pájara. Seguir bebiendo y comiendo es esencial, así como la fortalece mental.

Con el paso de los kilómetros, si el cuerpo nos lo permite, podremos comenzar a probar nuestras sensaciones y ver cómo respondemos a un ritmo un poco más alto, aunque nunca forzando la situación. Debemos darnos nuestro tiempo y no apresurarnos, para que así el cuerpo se adapte gradualmente al trabajo que le espera.

Pero no siempre se puede recuperar uno de una situación así, y si vemos que no nos encontramos con fuerzas, o que no vamos a ser capaces de completar el trayecto hasta el siguiente avituallamiento, el abandono es una buena opción, siempre que hayamos aprendido la lección que nos da el hombre del mazo: hay que comer y beber continuamente; si no, llegará su visita.

 

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Via: correrpormontana.com




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